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Pacquiao ya no sorprende, deslumbra

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Claudio Coronel


 
     
 
No por esperables ciertas situaciones pierden la capacidad de deslumbrar. Manny Pacquiao era el favorito en su contienda ante Miguel Cotto, pero una cuestión era suponer su victoria y otra muy distinta fue ver esa hipótesis concretarse. Así como cuando los pasajeros de una montaña rusa escalan el ascenso inicial en sus vagones e intuyen que lo primero que habrá es una caída pronunciada, pero hasta que no están en pleno descenso libre no pueden tomar la real dimensión del vértigo y adrenalina a flor de piel que les espera, tampoco los espectadores de la soberbia demostración del Pacman podían tomar real dimensión de la superioridad que terminaría evidenciando el filipino sobre el puertorriqueño en el MGM Grand Arena de Las Vegas. La palabra no es sorpresa sino deslumbramiento. Porque en la pelea más calificada de su carrera, Pacquiao demostró que es muy difícil encontrarle una medida real de oposición, solamente Juan Manuel Márquez, haciendo una retrospectiva de un lustro hacia atrás puso realmente en problemas al asiático, que decididamente es el rey absoluto del boxeo actual. Es complicado no caer en las reiteraciones, pero se está en presencia de un verdadero prodigio de la genética, porque solamente analizando la composición del ADN de Pacquiao, quizás, se pueda entender cómo hace un peleador para, no mantener, sino que mejorar su fortaleza a medida que le pone más peso a su cuerpo. La pelea Una de las claves del genial triunfo del Pacman tuvo que ver con la estrategia, además de que el asiático pudo imponer sus condiciones en el round cero, cuando se aseguró que la pelea tenga un límite de 145 libras, cuando la categoría welter posibilita subirse a la báscula con hasta 147 libras de peso. Si hay algo que trabaja muy bien el filipino y su entrenador, Freddie Roach, es el planeamiento de los combates. Siempre se ocupan de llevar el trámite de la contienda al terreno para el que se han preparado y en el que saben que pueden explotar sus fortalezas. Cotto es un peleador que se maneja mejor en el contragolpe. Su punto fuerte es la lectura que hace de la guardia de su rival y el anticipo sobre las acciones ofensivas para replicar con precisión y certeza. Y eso es algo que el filipino logró neutralizar prontamente. No fue así el primer round, que fue favorable al puertorriqueño, que contragolpeaba el contragolpe de Pacquiao, porque la iniciativa era del hasta entonces campeón welter de la OMB. Y eso fue efectivo porque el boricua pudo trabajar con su jab y mantener una distancia en la que el filipino no podía desplegar sus machetazos, ya sean zurdos o diestros. Pero fue apenas una fracción de todo el camino que esta contienda iba a recorrer. Porque ya en el segundo giro fue Pacman el que llevó los tiempos del combate. A pesar de que por momentos se veía claramente que Cotto intentaba mantener su puño izquierdo bien armado sobre la guardia para evitar los ganchos de derecha del filipino, estos comenzaron a ser conectados. Esa era uno de los golpes claves de la contienda, porque el puertorriqueño ha demostrado deficiencias históricas por ese flanco. Cotto tiene un golpe zurdo, en gancho y jab, dominante y potente, pero siempre mostró inconvenientes para rearmarse luego de ejecutarlo. Y eso es algo de lo que indudablemente Roach había tomado nota. En al segunda vuelta el boricua mostraba cuidados con esa posibilidad y por eso el guante izquierdo aparecía bastante seguido cubriendo ese costado. Sin embargo, ya en la tercera vuelta, el golpe apareció y Cotto fue a la lona. Fue una caída no del todo trascendental porque el perdedor se recuperó prontamente y en parte se debió a que estaba mal posicionado con los pies. Sin embargo, era una evidencia de que la contienda estaba siendo a la medida del vencedor. Pacquiao ya estaba en su salsa: entraba y salía con velocidad y tirando sus descargas fulgurantes. Las combinaciones del filipino por momentos parecen desordenadas, y quizás en parte lo sean en algunos aspectos -postura del cuerpo y pies, por ejemplo- pero lo cierto es que son precisas con los puños y lastiman tanto que su rival no encuentra forma de responder por más que no haya quedado del todo bien posicionado. Y eso ocurrió en el cuarto round cuando nuevamente el filipino lanzó una combinación que encontró estallido con un gancho de izquierda en plena mandíbula de Cotto, quien otra vez tuvo que ir a ver al mundo desde abajo. El rostro del puertorriqueño comenzaba a mostrar cortes. Para colmo de males, el cierre de ese round mostró un muy buen acierto del boricua, que impactó un uppercut de izquierda en el mentón de Pacquiao, algo que terminó siendo una mala noticia para Cotto, porque el filipino ni se inmutó. Se estaba en presencia de un boxeador que evidentemente no tiene ningún complejo en subir de peso para aumentar su potencia, y la cara de Cotto daba muestras de eso, y encajar los puñetazos del oponente sin ningún problema, como se vio en la forma en que fue a la esquina con total tranquilidad. Y ahí radica el deslumbre. En lo inexplicable que es que un boxeador que, en teoría, da ventajas al escalar divisiones y no tiene problemas en intercambiar golpes en la corta y media distancia en vez de tomar excesivos recaudos y especular. Esto queda evidenciado en la estadística: las últimas cuatro victorias de Pacquiao (una en ligero, otra en superligero y dos en welter) fueron triunfos antes del límite. Entonces, ante ese escenario, las cosas no podían marchar bien para Cotto. Cambio de roles Fue así como a medida que se veía que el boricua se extraviaba en los truculentos senderos que le proponía el Pacman, éste aprovechaba para tomar la delantera y ser ahora él quien fuera el peleador con la iniciativa, el que tomara el centro del cuadrilátero. Una de las tantas muestras de desorientación que daba Cotto era ponerse, por instantes, con guardia zurda, como si de esa manera pudiera neutralizar a su oponente. Se sucedían las combinaciones de Pacquiao y su asedio, algo que en el octavo round, por aquello de sentirse mejor como contragolpeador, el boricua pudo aprovechar, aunque sin lograr lastimar a su contrincante. En el descanso entre ese octavo episodio y el noveno, Roach recibió a su pupilo con una frase sencilla y efectiva: "Córtale el ring". Es decir, que no avanzara en línea recta, sino con pasos laterales hacia un lado y otro hasta poder cerca de Cotto contra las cuerdas o en una esquina. Y el consejo dio resultado porque el Pacman comenzó a descargar munición gruesísima al poder encerrar al puertorriqueño, quien se fue al descanso con el rostro tan rojo como desfigurado. Esas heridas no podían ser sanadas por la esquina comanda por Joe Santiago, quien, ante la golpiza que estaba recibiendo el puertorriqueño, exclamó: "Te doy un round más o paramos esto". Cotto, como el condenado que recorre el camino hacia el patíbulo, salió a ese round y al subsiguiente, con todo su orgullo a flor de piel. Pero eso era lo único que le quedaba, su amor propio, algo que, a pesar de la derrota, es más que rescatable si se lo compara con su derrota ante Antonio Margarito, en la que terminó renunciando a pelear. Pero no, esta vez el boricua hizo frente a su destino y, aunque no tenía con qué, intentó torcer una historia definida, que fue sellada por el árbitro Kenny Bayles, quien lo sacó de esa tortura en el duodécimo round. Floyd, te están hablando No se puede hablar de consagratoria porque en más de un sentido Pacquiao se ha consagrado hace rato como una estrella con destino de Salón de la Fama en el mundo del boxeo. Sin embargo, esta victoria ha solidificado su condición de leyenda. Pero el futuro puede albergar algo más grande para el Pacman: una pelea con Floyd Mayweather Jr. Y es que el otrora Pretty Boy y actualmente llamado Money era el monarca libra por libra cuando puso los guantes en el armario en un retiro que duró apenas poco más de un año y medio, los que intermediaron entre su magistral victoria ante Ricky Hatton (superada por la aniquilación que hizo Pacquiao del inglés este año)y Márquez. Hay que ser claro: ¿para qué volvió Mayweather Jr.? Para pelear con el filipino. Por eso, y con los tiempos vertiginosos que a veces tiene el boxeo, ya se está hablando de esa posible pelea. Aunque, en rigor de verdad, desde el día en que el estadounidense anunció su regreso, y a pesar de que Márquez y Cotto estaban en el medio, el combate del que se hablaba era Pacquiao-Mayweather Jr. O Mayweather Jr.-Pacquiao, para que no haya ofendidos.
Y esta ironía no es caprichosa, ya que los egos de los peleadores, manifestados en dólares, será la mayor barrera para concretar la contienda. Aunque no la única. Roach ya anunció que su pupilo quiere la pelea y Pacquiao advirtió que el peso welter es su límite físico, por lo que no viajaría a las 154 libras para enfrentar a Mayweather Jr., quien cabe recordar no pudo dar el límite de 144 que había pactado en su regreso ante Márquez. No obstante, teniendo en cuenta que el estadounidense marcó 146, (dentro de peso welter), ese podría ser un problema no tan complejo de resolver. No así el de las bolsas, ya que ambos querrán llevarse el mayor porcentaje, algo muy distinto a Cotto, quien aceptó cobrar la mitad que Pacquiao y aceptó ¿y cumplió- con el límite pactado de 145 libras. Quizás una buena solución sea proponer que el ganador se lleve el sesenta por ciento de la paga total y el perdedor el cuarenta por ciento. Ahí quedará claro que el que no asuma el compromiso es porque no quiere demostrar quien es el mejor. Algo más que comprensible desde el bolsillo, pero bastante cuestionable desde lo competitivo.