Portada Champions League  ·  Marcador  ·  Calendario  ·  Posiciones  ·  Estadísticas  ·  Equipos  ·  Fotos  ·  TV

El Inter se salva a sí mismo

por Claudio Coronel, Fox Sports International

Publicado el: 5 de Noviembre, 2009, 5:53 PM ARST

Compartir imprimir
Ya se habló sobre cuál era el verdadero "Grupo de la Muerte" desde este espacio. La cuarta jornada del Grupo F de la UEFA Champions League pareció querer ratificar lo expuesto. Esa cámara frigorífica que fue el estadio Centralniy en la gélida Rusia dio un punto más de congelamiento a los bríos del Barcelona, todavía con el pecho caliente por la triple corona conquistada en el cierre de la temporada pasada, hace apenas seis meses. Y también hubo un renacimiento, en este caso el del Inter, que pasó de último a líder con un soplo.

Mucho del reverdecer interista tuvo que ver con un cambio absoluto de actitud dentro del equipo. Parece que reaccionó a tiempo el equipo del inefable José Mourinho, porque los tres empates iniciales habían situado al equipo en la patética posición de semejarse a una flor que nació mustia. Primero por la sumisa actitud que había tomado en el inicio de la competición al resignar absolutamente protagonismo ante el Barcelona en San Siro (0-0), luego por el conformismo en terreno ruso ante el Rubin Kazan (1-1) y finalmente por una especie de autolimitación que lo llevó al repartir dividendos con el Dinamo Kiev en Italia, lo que se celebró como un triunfo porque estuvo en dos ocasiones en desventaja.

Necesitaba un cambio el Inter. Y tenía dos caminos para conseguirlo: una es esperando que las cuestiones sucedan y aprovechar las circunstancias, que la fortuna existe en la vida (ganadores de los innumerables juegos de azar puedan dar testimonio de ello); la otra era con un cambio de actitud, con tomar las riendas del destino.

Y antes de que se acuse a este texto de pertenecer al mundo de la autoayuda se puede decir que hay una muestra clara de este cambio en el Inter. Luego del gol del empate de Diego Milito, Mario Balotelli va corriendo a buscar la pelota a las redes para apurar el saque desde el medio. Faltaban cuatro minutos para que se cumpla el tiempo reglamentario pero en ese pequeño gesto, que no por mínimo puede dejar de tener un gran significado, el equipo italiano, envestido en una de sus mayores promesas, mostraba que quería terminar con la era de los empates. Los "neroazurro" fueron a ganar a Kiev. O mejor dicho, no fueron a conformarse con un empate, porque desde el vamos, desde la intención, todo equipo gusta de ganar.

Ya antes del empate el visitante había tenido dos ocasiones extremadamente claras. Un cabezazo de Samuel Eto'o que dio en la base del poste y un mano a mano que Balotelli, quien ingresó en el inicio del segundo tiempo por Cristian Chivu, desperdició por centímetros.

Este es otro Inter: no se conforma con un empate, Mourinho saca a un defensor para colocar a un delantero y apuesta decididamente a la faceta ofensiva.

Pero en rigor de verdad, y con la precaución de no entender que una buena chaqueta se debe apreciar apenas por la belleza de un botón, hay que sostener que el de Ucrania fue otro Inter. Porque no se puede hablar de una esencia por un partido. Más cuando el antecedente son los tres juegos iniciales. Tuvo que tener la soga al cuello pero se desperezó.

Ahora visitará al Barcelona en el Camp Nou. Un partido ideal para empatar, dejar al equipo de Pep Guardiola dos puntos debajo e internar cerrar la zona como local ante el Rubin Kazan. Veremos entonces cuál es la verdadera cara del equipo italiano.

¿Esa estrella era un lujo?

¿Se está apagando el Barcelona? Lo del Rubin Kazan en el Camp Nou tuvo mucho de golpe de suerte pero la percepción parece trastocarse un poco cuando se ve el producto de lo que dejó la revancha en una Rusia, que encontró a los dirigidos por Guardiola cubiertos con vaselina, muñidos de cancanes y con frazadas en el banco de suplentes para combatir la temperatura bajo cero.

Pero además de la particularidad del clima, el otro cero que sorprende es el cero en la portería del equipo ruso. El equipo catalán está anotando muy poco para sus estándares en la Champions: apenas marcó tres goles en cuatro partidos y en dos encuentros culminó sin marcar.

Pero no puede hablarse exclusivamente de la férrea defensa del Rubin Kazan, de hecho el conjunto catalán pateó 19 veces al arco. El problema parece estar en la definición. Hasta el momento Lionel Messi, goleador de la última Champions, apenas anotó un tanto, al igual que Zlatan Ibrahimovich, quien se sumó en esta temporada para ocupar el lugar de Eto'o, héroe en la final jugada en Roma ante Manchester United en la final 2008/09.

Los primeros 45 minutos mostraron al visitante con su convencimiento en el toque del balón, desplazamientos constantes, voluminosidad y despliegue. O lo que es lo mismo, con todos los ingredientes del manjar que deleitó los paladares más exigentes. Y lo tuvo Ibrahimovic al inicio del juego pero el poste le negó el festejo.

Ya en el complemento el Barcelona abandonó en parte sus fundamentos. Todavía a tiempo se dio cuenta Guardiola que utilizar a Andrés Iniesta como extremo izquierdo le hacía perder profundidad en los metros de definición y claridad en la zona de gestación por lo que decidió el ingreso de Thierry Henry.

No le alcanzó porque en esta ocasión fue más el Barcelona de Gerard Piqué, quien se animó en más de una vez a empujar desde el fondo, que el Barcelona de Messi y Xavi. Y por eso casi termina viviendo un fatal deja vu cuando a falta de diez minutos Víctor Valdés, en una de sus pocas pero decisivas intervenciones, se impuso en un mano a mano ante Aleksandr Bukharov para que luego el siempre eficiente Carles Puyol la mandara al córner.

Se apagó el Barcelona en estos dos últimos partidos. No hay dudas de eso. Pero la brasa que encendió la llama que iluminó a toda Europa está viva. Esa brasa son los fundamentos, algo que a los de Guardiola dudosamente abandonen ante la siguiente estación ante el Inter de Mourinho.

Protagonista inesperado

Si Raúl, máximo goleador de la historia de la UEFA Champions League, y Filippo Inzaghi, mayor artillero en competencias europeas de todos los tiempos, están más tiempo en el banco que en cancha; si Kaká sigue siendo un jugador de 45 minutos convincentes y desaparición absoluta subsiguiente; si Cristiano Ronaldo sigue siendo mayormente noticia por promocionar el nuevo emprendimiento del padre de Michael Jackson que por recuperar su tobillo; si todo eso ocurre, entonces es cuando un árbitro puede robarse el protagonismo en un juego de colosos como Milán-Real Madrid.

Kaká, de vuelta en su vieja casa, tuvo un partido irregular. (CHRISTOPHE SIMON / Getty Images)

El alemán Felix Brych, de él se trata este asunto, primero cobró un penal por una mano de Pepe que a todas luces se vio involuntaria -entre otros atenuantes el defensor del Real Madrid estaba de espaldas, además de deslizándose por el piso- y luego, nuevamente inventó una mano en una excelente definición de Alexandre Pato que ponía al Milán 2-1 arriba.

Esas polémicas estuvieron a la altura de este partido lleno de historia e histeria. De historia por tratarse de los dos mayores ganadores de la competición y por lo que había ocurrido recientemente en el Santiago Bernabéu, cuando el Milán dio el gran golpe y puso el Grupo C al dente.

E histeria porque era la primera vez que Kaká, el joven que supo cumplir su promesa de llegar casto al matrimonio pero no pudo honrar su juramento de amor eterno al "rossonero", pisaba San Siro tras emigrar a la Casa Blanca. Y también porque por Madrid todavía resuena el papelonazo protagonizado por el Real ante el Alcorcón en la Copa del Rey, un dislate no menor a la derrota de apenas dos fechas atrás del Milán ante el Zurich.

La respuesta de los merengues parecía ser óptima. Y es que los primeros minutos mostraron la mejor muestra que hasta ahora dio el equipo de Manuel Pellegrini. Sobre todo porque Kaká estaba encendido. Y fue el brasileño el que abrió el partido con una gran jugada en que encontró lugar para sacar un duro remate que no pudo contener Dida y Karin Benezema se encargó de canjear por gol, para estrenarse en la Champions.

Luego apareció Brych, una excelente ejecución de Ronaldinho en el penal, el tanto anulado a Pato y todo quedó igual de cara al segundo tiempo.

En el complemento se vio una vez más que el Real depende mucho de esos puntos que no generan una línea, a pesar de los intentos de trazado que hace el ingeniero Pellegrini. Kaká se apagó y casi es Raúl el que termina dándole la victoria sobre el final. Pero esta vez Dida no era el del partido de ida y conjuró la ocasión.Así quedó todo muy apretado, con el Olympique de Marsella acechando a los colosos.

Envía tus comentarios a: miopinion@fox.com.

 publicidad

Fox Sports Latino America
Otros Portales de Fox: Fox Sports en Español | FSLA Cono Norte
© 2009 Fox Sports International. Todos los derechos. Política de Confidencialidad | Términos de uso